El “austericidio’’ de la 4T

Adrián Trejo

La divisa del poder
Por: Adrián Trejo
Correo: [email protected] // Twitter: @adriantrejo

No sabemos si el Gobierno ha calculado el impacto que tendrá su política de austeridad en su propia marcha.

La burocracia mexicana se ha caracterizado por la lentitud con la que se resuelven quejas, peticiones, trámites, permisos, en fin, servicios en general.

Reducir los equipos de cómputo en cualquier área no solo atenta contra los trabajadores de las dependencias sino contra la población misma.

La política de austeridad, según se ha visto por los oficios enviados a los trabajadores de varias dependencias, ha llegado al extremo de reducir servicios básicos como los baños y las tomas de corriente de electricidad.

Si de por sí ya era un problema el trato de los trabajadores públicos -no todos, es cierto- hacia la población, ¿que se puede esperar cuando su ambiente laboral es casi el de un gulag?

El Gobierno de López Obrador atenta contra sí mismo al estirar la liga de la austeridad a punto de reventarse.

Las peticiones para que los servidores públicos “donen’’ un porcentaje de su salario -reducido desde la llegada de Morena al Gobierno- o que lleven sus propios instrumentos para hacer su trabajo, son una muestra inequívoca de la estrechez económica del Gobierno.

¿En quiebra? No parece que sea así, solo con una falta de liquidez brutal que le obliga a buscar recursos hasta debajo de las computadoras de sus empleados o incluso apropiándose del dinero de diversos fideicomisos.

La austeridad se convertirá en “austericidio’’ para el Gobierno del cambio.

Si de por si nuestra burocracia se movía tan rápido como un paquidermo reumático, con la reducción de los instrumentos de trabajo y un ambiente laboral enfermo, que desmotiva, los tiempos para solucionar un problema y obtener un permiso, el que sea, se exponenciará.

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Por cierto, ¿dónde se esconde, perdón, dónde andará Joel Ayala Almeida, dirigente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE)?

Ahora que sus representados lo necesitan para defender su fuente de trabajo, el ex diputado y ex senador ni asoma la cabeza.

A lo mejor está preparando una súper estrategia como esa que le permitió saltar de una Cámara a otra en los últimos 20 años…o está buscando nuevo partido político.

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¡Vaya trio que se armó en el Senado con la licencia solicitada por Vanesa Rubio!

Como sabe, la senadora, ex subsecretaria de Hacienda, solicitó licencia para dejar su escaño en el Senado para, según su propio dicho, “dedicarse a la academia y la consultoría’’.

Hasta ahí todo bien.

Pero resulta que su suplente, Nancy Sánchez, que fue registrada como priista, renegó de su partido para sumarse al Gobierno de Jaime Bonilla en Baja California.

Ayer la bancada del PRI dijo que el escaño les corresponde pero es casi un hecho que, el lunes cuando rinda protesta, la señora Sánchez se irá a la bancada de Morena, lo que la convertiría en la legisladora número 61 de ese partido.

No se sabe si habrá algún recurso que el PRI pueda interponer para mantener ese escaño en su contabilidad, aparentemente no, pero podría haber alguna negociación.

Por lo pronto, la bancada tricolor de 12 legisladores se quedará con 11.

Por cierto, mucho se especuló sobre el momento de la licencia de Rubio con la llegada de Emilio Lozoya al país.

Algunos consideraron que se trató de una huida, lo cual es bastante debatible: ¿quién querría perder el fuero en un caso como el de Lozoya?

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no
reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.

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