Un clásico de la añoranza

Latitudes
Por Alberto Lati
Twitter: @albertolati

Quizá el último Clásico español ha sido tan emocionante por el regreso de los dos equipos a lo terrenal, por su inevitable desprendimiento del aura de imbatibilidad que los rodeaba, por esa vulnerabilidad mutua.

Resulta evidente que tanto Real Madrid como Barcelona hoy no son ni por mucho lo que años atrás fueron. Balones perdidos en la salida, errores graves en la definición, desconexiones, banquillos con tan poco fondo que los blaugranas terminaron por recurrir a un delantero que hace poco se jugaba anónimamente la permanencia en Leganés, al tiempo que los blancos dieron sus primeros minutos a un atacante inédito en el torneo… héroe inesperado al meter en la portería rival el primer balón que recibió.

Muy lejos de las temporadas de 100 puntos a las que nos habituaron una década atrás, hoy no sería raro que quien se corone apenas supere las 80 unidades. Eso deja semiabierta esta liga, porque los dos gigantes lucen del todo capaces de perder partidos en cualquier momento, aunque tampoco emerge conjunto capaz de arrancarles el título.

El Barça es víctima de la mitología que se creyó de tanto repetir, acaso los riesgos de apegarse a la tradición oral. En su obstinación de regresar al pasado guardioliano ha apostado por echar al entrenador que le coronó en dos ligas seguidas y que le tenía líder, para traer a quien promete jugar como antaño. Severa confusión porque lo que el Camp Nou requiere es un DeLorean que le lleve al pasado idílico y no un mero ideólogo alineado con el abusivo toque de balón. ¿Por qué este cuadro no juega como el de Pep? No por las indicaciones enfatizadas desde la pizarra, sino por la camada de artistas que difícilmente volverán a coincidir en espacio y tiempo.

En tanto, el Madrid conquistó el Clásico con vísceras, consciente de que hoy no dispone de otra vía. Incluso, por furibunda que resulte su voluntad, juega observando con melancolía las redes, esa doncella escapada más de año y medio atrás de la mano de Cristiano. Suena ingrato para con un adolescente tan empeñoso, pero quizá el incisivo Vinicius sólo anotó porque un contrario le ayudó en el desvío, que de otra forma ya se conoce el habitual desenlace: el limbo de los goles muertos antes de nacer. Así que entre vísceras y carambolas los merengues consumaron una victoria merecida.

¿Cómo reconstruir dos colosos tan resquebrajados? Si el dinero no basta (y miren que cientos de millones de dólares han sido despilfarrados en los dos frentes), está claro que la nostalgia tampoco. El Barça buscando a Guardiola en Setién, el Madrid deseando que la segunda era Zidane devuelva a la primera… Y el tiempo tan terco alejándolos de su esplendor.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de 24 HORAS.

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